Siento la ausencia de mis miembros como una pérdida irreparable. Ayer todavía los sentía…
Eran hermosos, me hacían vibrar de alegría, rebosar sentimientos de tranquilidad. Pero mi histeria surgió cuando ellos se fueron. Poco a poco me abandonaron y me llenaron de silencio; ni mi sombra quería tocarme. Por más que los llamo al encuentro con mi cuerpo éstos no responden. No desean saber de mí. Reniegan de su pasado. Reniegan su procedencia. Yo que les dí la vida, les ví crecer y desarrollarse… Aceptémoslo, ese yo no existe, ¿qué eres ahora?
A mis miembros perdidos,
No deseo vivir.









